Cuando los gobernantes descalifican las protestas ciudadanas, en ocasiones con los más absurdos argumentos, están mostrando su desconexión con la realidad imperante.
Las protestas de las nuevas generaciones son un claro síntoma de que las sociedades están cambiando y, negarse a escuchar, atender y, sobre todo, a entender las demandas de la cuarta parte de población, es un error que les costará caro a muchos líderes.


















