El Diálogo como Herramienta Democrática. Los casos de Colombia y Venezuela.

Todos los seres humanos nos inter relacionamos porque, entre otras cosas, nos comunicamos, conversamos, dialogamos y nos entendemos.
El mundo está evolucionando a pasos agigantados, la tecnología nos arrolla a diario, y genera profundos cambios en la manera como nos podemos comunicar, y el mundo de los negocios está dando un vuelco impresionante.

En este último caso, por ejemplo, la compañía fotográfica más valiosa, Instagram, no vende cámaras, la compañía más grande de taxis, no posee vehículos, la compañía de alojamiento más grande del mundo, no tiene terrenos ni habitaciones, Alibaba, el mayor vendedor mundial por mayoreo, no tiene inventario, y quizás el mayor influenciador mediático, Facebook, no crea contenidos.

Ahora, todos esos negocios lo que si hacen es generar conversaciones y diálogos entre sus usuarios, y aquí volvemos a los orígenes, es decir no importa la tecnología o los avances de la ciencia, el ser humano siempre usara el diálogo como herramienta básica para relacionarse o comunicarse.
En Colombia, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, apostó todo al diálogo con la Farc-Ep y hoy después de más de 4 años de negociaciones, están muy cerca de firmar un acuerdo de Paz, que pondrá fin al conflicto más largo del hemisferio.

Colombia durante más de 60 años ha estado en guerra, y el diálogo ha servido para que las partes en pugna (Gobierno y Farc-Ep) se comuniquen, debatan intensamente, y lleguen a acuerdos trascendentales para ponerles fin al conflicto.

No ha sido un camino fácil, ha estado plagado de ataques de quienes se oponen al proceso de Paz y que soterradamente pareciera que desean prolongar la guerra.
Seguramente no será un acuerdo perfecto, pero muchos expertos en materia de conflictos armados, han dicho que es el más completo que se haya hecho en el mundo.

Como conclusión del caso Colombia, gracias al diálogo, los colombianos se acercan a la Paz, y aunque esa Paz sea imperfecta, siempre será preferible a una guerra perfecta. Bravo por diálogo, bravo por Colombia y su gente.

Ahora veamos el otro caso, Venezuela.
A inicios de 2014 se presentaron fuertes protestas populares, las cuales fueron brutalmente reprimidas por el gobierno de Nicolás Maduro. Las protestas tuvieron su origen en las terribles condiciones que los venezolanos ya estaban pasando en ese entonces, con la escasez de alimentos y medicinas, las alta inflación, y la inseguridad.

Esa represión termino con la vida de 43 venezolanos y miles de detenidos. Ante el hecho de que las protestas no cedían, el gobierno hace un llamado a un gran diálogo nacional.

En ese momento, el gobierno venezolano, utilizo el diálogo como una válvula de escape, para liberar presión de la calle que iba en aumento.
Se hizo el diálogo y la oposición asiste a el sin ningún tipo de condiciones, se instalaron decenas de “Comisiones Presidenciales”, se hicieron muchas reuniones y el resultado de ese “diálogo” fue nefasto para el país.

Se desarticularon las protestas y movilizaciones sociales, se consolido el régimen de represión policial e impunidad (al día de hoy hay más de 140 presos políticos y más de 1.000 con medidas cautelares) y el gobierno se afianzo aún más en el poder.
Es decir, el diálogo sirvió en este caso como arma antidemocrática.

Es público, notorio y comunicacionalmente conocido por el mundo entero, que la situación de Venezuela ha empeorado dramáticamente. Los niveles de escasez de alimentos y medicinas llegan al 85%. La inflación según el FMI este año, pudiera superar las 4 cifras, manteniéndose como la más alta del mundo, los niveles de inseguridad han aumentado y desbordan al gobierno, y ahora se presenta una crisis institucional donde el gobierno irrespeta y desconoce (en la práctica y usando al Tribunal Supremo de Justicia, como su brazo ejecutor) a la Asamblea Nacional, con lo cual la crisis institucional se agrava y pone al país al borde de la ruptura del hilo constitucional.

La presión social contenida hasta ahora es tremada, y el gobierno lo sabe, así que nuevamente recurren al diálogo y públicamente piden que se haga. Solo que ahora hay varias variantes.

La primera, el gobierno dice que la oposición debe sentarse a dialogar sin condiciones, que el Referéndum Revocatorio no se hará este año y que quizás no se llegue a hacer nunca (siendo esto un instrumento democrático, previsto en la Constitución Nacional) y que además no liberará a los presos políticos.
O sea, ¿realmente están llamando a un diálogo, o será un monologo como lo fue en el pasado?
Por su parte, la oposición, con la lección aprendida del pasado, dice estar dispuesta a ir a un diálogo con el gobierno, pero un diálogo constructivo, con una agenda concreta para solventar los graves problemas del país y exige una condiciones mínimas. A saber: realización del Referéndum Revocatorio, este año, liberación de los presos políticos, que el gobierno y los demás poderes del estado respeten y reconozcan a la Asamblea Nacional (de mayoría opositora), que se amplié a otros países (como acompañantes) y se incluya a la iglesia católica en el diálogo, y por ultimo el diálogo se debe realizar en Venezuela, y no en Rep. Dominicana, como propone el gobierno.

Está muy claro que el gobierno desea el diálogo como bombona de oxígeno, para poder seguir respirando y mantenerse en el gobierno, con todos sus privilegios. Para la oposición, el diálogo es una herramienta democrática más para tratar de ayudar a solventar la terrible crisis política, económica y social del país, y no se prestaran a dialogar, si el gobierno no accede a sus peticiones.
Para dialogar se requieren dos. Se necesita que las dos partes quieran hacerlo.

En el caso de Colombia, dos fuerzas que pasaron 60 años dándose bala, quisieron conversar y ambos pusieron de su parte y lograron hacer un diálogo, que ya ha rendido frutos positivos para el país, y que está muy cerca de sellar un acuerdo de Paz sin precedentes.
Muy diferente es el caso de Venezuela. Una de las partes, el gobierno, solo busca ganar tiempo, oxigeno, para seguir en el gobierno, mientras que la oposición quiere buscar soluciones a los problemas del país, y si el diálogo es una de ellas, está dispuesta pero, lógicamente, con la lección aprendida del pasado, la oposición exige unas condiciones mínimas, las cuales hasta ahora, el gobierno, no ha dado muestras de querer aceptar.
Así que, en dos países hermanos, Colombia y Venezuela, con más de 2.000 kilómetros de frontera, con una historia en común, el diálogo como instrumento democrático, le está funcionando al primero, y al segundo no.

¿Quién gana y quién pierde? Ganan los colombianos, pierden los venezolanos.

 



		

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